Raúl Delgado Estévez

La muerte de Raúl Delgado me entristece en lo más profundo, por muchas razones. Primero porque siempre es triste que alguien tan importante, influyente, que admiras y quieres, se vaya. Pero también me entristece mucho que Raúl haya fallecido en otro país que no fue el suyo, que haya partido bajo estas circunstancias. Que se haya ido y que no estemos tantos y tantos que lo queremos abrazando a su familia y dándole un último adiós de cerca. Que se haya ido y un país entero no pueda voltear a llorar su muerte porque está viendo cómo sobrevive. Que una universidad esté de manos atadas para rendirle honores a uno de sus más ilustres hijos.

Raúl seguramente se fue triste de su casa, de su país. 
Ese país al que tanto le dio. 
Ese país que Raúl con su talento y su entrega puso en los peldaños culturales más altos.

Raúl fue uno de los pocos que vivió muy de cerca el episodio más triste que haya vivido la cultura venezolana, como lo fue la tragedia del Orfeón Universitario UCV en las Azores, y luego de eso asumió con entereza levantar de las cenizas nuestro amado Orfeón hasta convertirlo en uno de los coros más importantes de Latinoamérica.

Raúl junto a su hermano Miguel y los hermanos Toñito y Pedro Naranjo (que luego suplantara Telésforo), fundó El Cuarteto, uno de los pilares fundamentales de la música instrumental venezolana, uno de los primeros grupos de música venezolana en tocar en las más importantes y exclusivas salas de conciertos, en su momento destinadas única y exclusivamente a la música académica. El Cuarteto fue de las primeras agrupaciones donde sus integrantes, de fuerte formación académica, abordaron lo popular con el virtuosismo propio que habían obtenido de su formación, algo que hoy en día es muy común, pero que en aquellos años (finales de los 70), era toda una hazaña.

En fin, Raúl es un tipo muy importante, que ha hecho parte de movimientos culturales de mucha trascendencia. 
Una persona con semejante trayectoria debería ser honrado fervientemente en su partida. Y eso es lo que más me entristece, que Raúl no haya podido vivir sus últimos días en su casa, como estoy casi seguro que hubiese querido. Que hubiese tenido que huir (como millones), para conllevar con dignidad su enfermedad.

Es tan desgarrador lo que le han hecho al país que nos han roto en pedazos. Pedazos que lloramos nuestras glorias en muchos rincones del planeta y esas glorias terminan viviendo sus últimos días lejos de lo que alguna vez fue esplendoroso y ayudaron a construir. Ojalá y más temprano que tarde el país vuelva a ser normal. Y ojalá algún día podamos construir el tan anhelado Paseo los Próceres donde ya no tengamos tanto militar y político, sino donde estén tipos como Raúl, como Aquiles Nazoa, como Otilio Galindez, como Jesús Soto o Jacinto Convit. Donde una calle se llame como ellos, para honrarlos, donde un billete tenga su rostro, para recordarlos. Ojalá y salgamos de esta plaga politiquera y acabemos con estos patrioterismos caducos y empecemos a darle el justo valor a quienes de verdad construyen un país.

¡Gracias por todo lo que hiciste por mucho de nosotros Raúl! ¡Buscaremos honrarte como es debido!

Con Raúl en el camerino del Centro Cultural Chacao – Caracas – Venezuela.
Con Raul en el Teatro Teresa Carreño – Caracas – Venezuela

By Hector molina

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